El blog de FEC

Educación mediática y cultura visual

El otro día aparecieron en mi muro de Facebook unas palabras del Papa Francisco que me sonaron extrañas. Por deformación profesional, me puse a investigar en la red para encontrar la fuente de las mismas y el resultado fue que no existía ningún discurso ni documento que atribuyera esas afirmaciones al Papa ni a ninguna otra persona, eran totalmente inventadas. Acto seguido, informé a la persona que había compartido esa imagen de que esas frases podían gustarme o no, pero que no eran del Papa ni de ningún personaje público en concreto. El susodicho me contestó que él estaba de acuerdo con ese mensaje, que le parecía importante y que se había fiado de su veracidad por el simple hecho de que un amigo que conocía la había compartido en su muro (desde otro de una tercera que era desconocida para ambos). Esta anécdota me hizo reflexionar sobre la confianza ciega en la información ofrecida en el espacio online y sobre la falta de actitud crítica que presentamos especialmente en él.

Mis pesquisas, basadas en casos como este y  la observación del comportamiento de mi entorno en las redes sociales, me hacen pensar que en el mundo online estamos más preocupados por la relevancia del contenido y la empatía que establecemos con el mensaje que por la credibilidad. Si preguntas a tus conocidos sobre las fuentes, se comprueba fácilmente que rara vez recurren a consultar o verificar la procedencia de los textos o a recabar datos sobre el autor, el medio o tipo de publicación que lo emite que les permita evaluar la fiabilidad y la perspectiva del emisor. Así,  como es habitual, es fácil que caigamos en difundir las palabras de una persona o grupo sin que lo sean y, por tanto, favorecer los rumores y los bulos; en anunciar la falsa muerte de un personaje; en invitar a personas a que se apunten a sorteos de bonos de ZARA o sorteos de iphone… En la mayoría de los casos, la consabida comprobación no se realiza no por ingenuidad (actualmente prácticamente todos somos conscientes de que no todo lo que aparece en internet tiene que ser veraz), sino por falta de tiempo, por el  mero impulso de la inmediatez y/o porque no se cuenta con las habilidades necesarias para evaluar la veracidad de los mensajes recibidos.

En general, ante la amalgama de información con la que nos bombardean actualmente, debemos cultivar un sano escepticismo hacia la información que encontramos en contextos tanto online como offline. Para ello, cierro este post con una lista de claves/ estrategias/ cuestiones básicas que nos debemos de plantear cuando nos enfrentamos a contenidos:

1. ¿Quién creó la información en este sitio, cuál es la acreditación que presenta dicha persona o entidad? De entrada, se ha de desconfiar de los sitios webs o blogs creados por personas anónimas que no argumentan con datos y fuentes sus afirmaciones o en los que ni siquiera aparece el autor/es o el organismo al que representan. Por supuesto, hay que tener en cuenta que hoy en día cualquiera puede editar una foto de cualquier personaje público y añadirle unas palabras sean reales o inventadas: desconfía siempre de los montajes compartidos en Facebook o Twitter e incluso de los datos de Wikipedia porque, ¿quién se encarga de revisar que son reales si no somos nosotros?

2.  ¿Se trata de un sitio que actualiza información con frecuencia? ¿Cuántas informaciones y de qué tipo contiene? El hecho de que sea un sitio con una sola entrada o con informaciones antiguas nos hace desconfiar de su fiabilidad

3. ¿Se puede comprobar la exactitud de esta información? Este es un trabajo de investigación, verifica en Google si existe algún informe, discurso, artículo, vídeo… que cita las fuentes del contenido del texto.  Requiere la inversión de algo más de tiempo, pero en muchos casos la red de redes nos permite, si existen, llegar hasta la fuente de información primaria. Por ejemplo, en el ejemplo anterior del Papa, si hubiesen sido unas palabras emitidas en una homilía, yo habría podido acceder al vídeo de la misma fácilmente y comprobar el contexto y la veracidad de esas palabras.

4. ¿La página presenta sólo un lado de la cuestión o múltiples perspectivas? La falta de varios puntos de vista es algo de lo que adolecen, no sólo las publicaciones poco fiables que responden a unos determinados intereses (ideológicos políticos, económicos…), sino medios de comunicación de referencia. Para combatirlo, lo mejor es consultar otros con distinta orientación sobre la misma cuestión y, una vez recabados todos los datos, formarnos nuestra propia visión de los mismos. Esto no garantiza que seamos portadores de la verdad, pero sí que procuramos conocer la realidad desde la mayor cantidad de ángulos posibles y que no nos conformamos con obtener una versión sesgada de la misma.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *